26.1.18

Tú, monstruo que acecha mi mente y me confronta, te obligaré a estar a mi lado a servirme, serás mi esclavo y amigo. No dejaré que tu odio disturbe mi serenidad y me lleve al infierno del rencor eterno. No permitiré que tu ira destruya mi paciencia y de ninguna manera me paralice en la inacción e indecisión. Por ningún motivo renunciaré a mi bondad y mis actos serán amor, la envidia desterraré de mi corazón.  Nunca me empujaras al abuso ni al desperdicio y mucho menos al desprecio por la vida. A partir de ahora el engaño, la hipocresía y el infundio serán mis enemigos declarados.


Tú, Padre de todos, sé que estas siempre a mi lado, pero esta lucha la tomaré como mi mayor reto a vencer y hare que estés orgulloso de mí y me gane ser digno de ti cuando veas como venzo y controlo al miedo eterno.

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