16.6.19

El mar bravo esperándote



DEL TIEMPO, LAS HORAS Y EL ARTE
Si el tiempo es el compás en el que se mueven las horas que van haciendo la vida, entonces nuestros espacios merecen ser habitados por tesoros que se alberguen en el pensamiento y a los que podamos recurrir a modo de refugio escondido sagradamente. Como lo descubrieron Einstein y otros científicos, el tiempo es relativo, de lo cual podemos entender que el tiempo está hecho a nuestra medida, pero entonces, ¿cada ser humano puede concebir las horas a su medida? Sí, es absolutamente cierto que construimos el pasado, el presente y el futuro a nuestra medida. Esto es lo siguiente, imaginemos que no tenemos medidas del tiempo y las horas y que nuestra existencia solo es un constante fluir sin relojes (en una dilatación del tiempo), ¿cómo haríamos para usar el tiempo? Habría menos estrés, es lo más seguro porque las horas serían mas lentas. Y tener un transcurrir de horas lentas es lo más provechoso que le puede ocurrir a los artistas porque lo que más exige una creación artística, es Tiempo.
No somos conscientes, la mayor parte de la veces, de la basura (recuerdos dañinos) que vamos almacenando en nuestra memoria, mientras él (el tiempo), despiadado, nos va desgastando a través de los días sin haber cumplido con la maravillosa labor de continuar el legado que el ser humano ha ido construyendo desde su primitiva aparición y concepción del mundo, en la escritura, la música, la pintura, la escultura, etc.  
Ocurre, contradictoramente, que algunas personas condenadas a la desocupación maldicen las horas y desean que pasen lo más rápido posible, mientras que hay otras personas que quisieran tener sus horas de desocupación para dedicarse a cultivar el arte en todas sus expresiones, al tomar la cultura como la compañía más leal que podemos tener; Séneca, nos refiere esta particular anécdota al respecto:

 “No puedo pasar por alto un caso que me viene a la memoria: Turanio fue un
anciano de escrupulosa laboriosidad que, pasados ya los noventa años, cuando
recibió de manos de G. César la licencia de un cargo, mandó que lo amortajaran
en la cama y que la familia puesta alrededor lo llorara como muerto. La casa
hacía duelo por el ocio de su señor anciano y no acabó sus lloros si no es cuando se
le devolvieron sus funciones. ¡Hasta tal punto le gusta a la gente morir ocupada!”. Séneca, Lucio Anneo.

Cindy Santiz Gamarra.

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