22.7.18

Cincuenta



Alguien una vez me dijo que a los cincuenta años es cuando se inicia la verdadera vida. En ese momento no entendí lo que quiso decir. Según las convenciones de nuestra educación, la vida inicia al momento de ser concebidos, no cincuenta y un años más tarde.

Pero el no hablaba de vida conceptualmente, el hablaba del vivir.  Si, no solo de ser o existir, sino de lo que hacemos y actuamos en esa existencia. Para él los primeros cincuenta años son la etapa donde “aprendemos”, a posteriori en la segunda donde “ejecutamos”. Es decir, envejecer es segundario, lo primordial es aprender y después vivir hasta morir.

Pero también realicé que esa persona; de edad avanzada, tuvo la suerte de gozar de longevidad, con su salud prima y su mente lucida. En ese momento me pregunte por aquellos que no tienen esa fortuna. Inclusive aquellos que ni siquiera llegan a los cincuenta.

Es cuando caí en cuenta que nos educamos a esperar ciertos parámetros, requisitos o hitos en nuestra vida para entonces, hacer, alcanzar o disfrutar, esto u aquello.

Fue cuando también entendía que los cincuenta los debemos cumplir cada año de nuestras vidas.