15.7.26

El apego ansioso del autorreproche



Si de por sí no, entonces ¿qué quieres?
Suena feo,
pero cuando te escucho
es cuando más callas.

Ya de por sí, no tengo;
pero me quitas hasta lo que no hay
y me dejas sin dolor,
Peor: me dejas vacío.

¿Soy yo o eres tú?
Casi siempre yo.
A veces tú.
Al final, seguro soy yo.

Solo yo con este mal puesto amor,
y cuando busco, no estás.
Salgo, deambulo;
más bien no sé si voy o vengo,
pero no es más de lo que es,
y eso debo aceptar.
Pero qué duro es.

¿Soy yo o eres tú?
Casi siempre yo.
A veces tú.
Al final, seguro soy yo.

Anhelo, pido más,
y aunque siento que lo merezco,
igual pregunto si lo darás.
¿Me lo darás?

Te busco.
Te encuentro.
No estás.
Me das lo que pido
y me dejas la ansiedad.

¿Soy yo o eres tú?
Casi siempre yo.
A veces tú.
Al final, seguro soy yo.

Mi todo.
Mi ruina.
Mi hambre.
Mi forma más fácil de sentirme ganador.

1.2.26

El ruido, la sustancia y el relato

Imagen:  Jaqueline Char - Cartagena de Indias: Camellon de los Martires.

Todo relato necesita una inyección constante de encanto y difusión para no colapsar.

Sin embargo, la razón no le pertenece a quien dice tenerla: se verifica en los hechos y en el examen ajeno. La rectitud no se erige declarándola. La decencia no habita el pregón.

La realidad se impone cuando la ficción se disuelve. Al final, no sobrevive lo que dijimos ser, sino la mecánica estricta de nuestros actos.


26.7.25

¿Qué nos mide?

 

"Inmerso en la realidad, el ser humano segmenta, mide y proyecta su curso a través del continuo espacio-temporal. Aunque la totalidad lo elude, busca la esencia. Cabe preguntarse: ¿Solo somos en cuanto podemos segmentar, medir y proyectar?


Segmentamos para no morir, medimos para orientarnos y proyectamos para persistir. La "esencia" es el consuelo que buscamos por no poder ser el Todo."

26.6.25

El estar amorado

Necesidad en tu placer, agostamiento en tu sudor.

Suspiros en tu aliento,me asfixio en tu olor.

Amo tu egoísmo, mi libertinaje habita tu posesión.

Ser la herida es estar amorado. Pero solo hasta reabsorber el golpe y cicatrizar  enamorado.

23.6.25

La fiereza del leon no lo exime de rendir cuentas

Rendir cuentas es una cualidad excelsa del administrador íntegro. Quien se erige como representante de una fe no solo debe explicaciones a su congregación, sino al tribunal de su propia conciencia y a la divinidad que lo inviste. 

Sus palabras deben carecer de mezquindad, política y de la rigidez del dogma; su compromiso no es la confrontación, sino la mediación de un mensaje de amor. Como pedagogo del espíritu, debe encarnar la bondad, la comprensión y la justicia.

Finalmente, su mayor pecado sería olvidar que su conducta es el único vehículo para la bendición del mundo.

14.6.25

Tu amor, es la mejor idea

“Hablamos de amor correcto o aspiramos al amar supremo. Nos enredamos en el amor filial y terminamos justificando un amar particular. Definimos el amor social y lo elevamos a idea máxima. Afirmamos que sin amor somos indignos. Y, paradójicamente, aunque emerge del amor y nos resulta hermoso, decimos que enamorarse casi siempre es una fascinación fugaz y mezquina, súbdita de pasiones, caprichos y deseos.

En estas expresiones se dibuja un manifiesto de control sobre el caos. Al sublimar el amor como entelequia que otorga “dignidad” y degradar el enamoramiento a mero “capricho y deseo”, se revela un rechazo profundo a la vulnerabilidad y a la pérdida de control que impone la naturaleza animal. La urgencia por encapsular el afecto en una taxonomía rígida (correcto, supremo, filial, particular, social) funciona como andamiaje defensivo: el intelecto humano tratando de erigir barreras frente a la tiranía irracional del instinto.

Pero si admitimos que el amor no nos hace dignos, sino apenas biológicamente viables, un mecanismo más para que la vida se sostenga, entonces la pregunta se vuelve incómoda: sin este imperativo, ¿qué seríamos?

17.4.25

Comodino y su vacua gozadera



Se atiborra de cuentas y espejos buscando brillo, opacando su alma almorriña en el hastío.
 
Desdeñoso ante el amor por su bonita simpleza, se acobarda diluyéndose en el vértigo de la gozadera.
 
Destierra la bonitura de su alma en un narcisista encoñamiento y su no amorado corazón llora en silencio. 
 
Con su salomónica pelusa, juzga al amigo y con quien no comulga.
 
Huye del servir y la fautoría, alejándose del sudor y la cortesía. 
 
En un morboso contemplar mira la tara del andar, no la senda a tomar. 
 
Y en su bullicio se ciega, perdiéndose en la bruma espesa.

16.4.25

Simplemente vive y deja vivir.


Futilidad es traumarse desde que abrimos los ojos, por el acontecer luego de la finitud. 

Vivir no es esperar hasta cruzar ese umbral. Es virtud en nuestros modales, amor en nuestro sentir. Es colorear el pensamiento. Servir más que recibir.

Morir, podría ser un reinicio, o simplemente un no Ser más

Simplemente vive, y deja vivir.

Sopita en Botella

"Sopita en botella": Cerveza / "Acurrala deabutin: Trabaja flojo
El flojo no toma cerveza.

Escuchas Sopita en Botella de la inigualable Celia Cruzde sopetón ponen Strawberry Field y mínimo te pones turuleco.

Es astronómica la intensidad, velocidad y cantidad de cambios que nos confronta la vida, forzándonos a adquirir habilidades para una efectiva y eficiente asimilación y gestión del cambio: Adaptabilidad, Resiliencia, Aprendizaje Continuo, Pensamiento Crítico, Transformación Actitudinal y manejo efectivo de la Inteligencia Emocional.   

No se trata solo de sobrevivir al cambio, sino de gestionarlo activamente.  De saber con cuales es mejor cambiar y con cuales no. No todo cambio es inherentemente bueno o necesario para uno mismo o para una organización. La capacidad de evaluar críticamente los cambios, entender sus implicaciones y decidir estratégicamente cuándo adaptarse, cuándo resistirse o cuándo buscar una alternativa es una habilidad avanzada. 

Pero la vida nos sorprende y en ocasiones la decisión no es nuestra. Si no cambias de todos modos te cambian. 

Las emociones y afectos son otra dimensión a observar. Aprehenderla no es fácil y muchas veces incontrolables. Están íntimamente ligadas al proceso de tratamiento del cambio. Tienen el poder de refractar nuestras elecciones y actos de maneras impredecibles. Muchas veces nublan la razón.  

Pero, no se trata necesariamente de "controlarlas" en un sentido absoluto, sino de integrarlas y manejarlas constructivamente.

La serenidad y paciencia parecen ser parte de la solución. Pero, no debemos nunca confundirlas con perenne indecisión ante la vida. La serenidad debe combinarse con la capacidad de tomar decisiones y actuar cuando sea necesario. La paciencia es activa y reflexiva, no pasiva ni paralizante.

15.4.25

Turno Extra

En ocasiones, un sentir de inconclusión nos sobreviene, llenándonos de ansiedad por aquello que anhelamos y que no se da cuando lo esperamos. Un apremio que nos empuja a trabajar turnos extras de alma y cuerpo. 

"Serenidad y paciencia, mi amigo Solín", nos recuerda el inolvidable Kalimán. Pero no como un estado de pasividad que espera dormido el devenir, sino la actitud para operar sin el ruido del desespero.

¿Es fácil estar serenos y pacientes? ¡No! Pero es la receta para el bienestar.  En esas horas extras, no olvides, la paciencia es, en última instancia, la forma más alta de la disciplina. Es, en esencia, la serenidad de quien sabe que el trabajo bien hecho habita su propio tiempo.

4.4.25

MAÑANA VA A SER UN GRAN DÍA

Atardecer: bahía de Cartagena de Indias
“Entre visos de cansancio y lentitud, pero energético, me despierto y me siento igual, mas no soy yo mismo ni lo mismo es mi realidad. Algo sutil siempre cambia y no permite que me abrume la igualdad. No sé si es una traza o mera casualidad. Me mantengo alerta, consciente hasta de la mota de polvo que siento nunca se va a posar, que me compulsa a despertar de nuevo y ver si logró llegar.


La memoria no me suelta en su intento de recrear lo que ya fue, pero nunca terminó, susurrando que mi futuro no será lo que soñé sin eso que fue. Quizá intuye que, sin el pasado, no podré trascender un presente que aparentemente se resiste a cambiar y la ilusión de un futuro que ni los sueños pueden realizar. Su remembranza disuelve la igualdad de mi presente y me ilusiona con un mañana.


Pero, como todo, el día termina y la noche oscura y fría llega. Es un ocaso sin penas, una negrura que invita a descansar y me abraza lejos del diario afán. Entonces sueño con amor y alegría, porque mañana destruiré de nuevo la igualdad, convertiré la memoria en bonitura y al mañana en mi anhelo por alcanzar.”

Plocos

20.3.25

La acuidad y belleza del horizonte humano



“La acuidad y belleza del horizonte humano se depuran en la medida en que lo hacen su sabiduría y su magnanimidad. Un horizonte donde su vivencia no es más que vida, ni menos que muerte.”

Se me ocurrió una adivinanza que podría impactar el intelecto antropocentrista: ¿Qué transporte, en toda la historia, pudo ser, íntegramente, ideado, diseñado, construido y operado por un solo individuo?

La respuesta exige romper el molde de lo evidente: la canoa monóxila. Un hombre frente a un tronco, armado de fuego y piedra. Es la imagen romántica del "círculo de autonomía". Sin embargo, si hacemos un análisis más acucioso, el círculo no solo se agrieta: se disuelve.

Para un naturalista o un creyente, la "Autonomía Total" es ilógica. El constructor no inventó la flotabilidad ni la densidad del agua; se limitó a negociar con ellas. La madera —esa realidad "de suyo"— nos precede biológica y ontológicamente. No somos creadores; somos reconfiguradores de la realidad que por momentos nos olvidamos que el material tiene sus propias leyes. Creerse autónomo es ignorar el mundo antes de que pudiéramos nombrarlo.

El "genio solitario" es una ficción del ego. La técnica de ahuecar la madera con fuego no es una intuición espontánea, sino el sedimento de una memoria colectiva conservada por necesidad y miedo. Construimos por soberbia, sí; pero también por esa osadía que solo nace de la duda. Sin el pensamiento compartido, el éxito evolutivo habría sido un error estadístico. Ningún conocimiento —sea el mito de un ancestro o una ecuación termodinámica— puede descartarse, pues ambos son herramientas de navegación en el océano de la incertidumbre.

Hoy, nuestra canoa es la Inteligencia Artificial. Pero aquí yace la gran disrupción: a diferencia del constructor antiguo, el hombre moderno podría perder su recursividad. Sobrevivimos, es cierto, pero hemos arrojado nuestra capacidad de vivir a las manos de una dupla letal para el sentido: la ideología y la tecnología.

Nos hemos vuelto pasajeros pasivos de un algoritmo que no sabemos tallar. Si la canoa de la IA se hunde, no sabremos nadar, porque hemos delegado el sentido a la velocidad del procesamiento. El sentido no habita en el microprocesador; el sentido es el callo en la mano del constructor, es la vulnerabilidad de quien sabe que su obra depende de algo más grande que él mismo.

La canoa no celebra la soledad del hombre, sino su profunda interdependencia. En la era de la IA, el desafío no es diseñar naves que piensen por nosotros, sino recuperar la osadía de entender cómo están hechas. El reto es volver a la orilla, no para quedarnos en ella, sino para recordar que, antes de ser navegantes, fuimos parte del bosque.

Noches Oscuras, Días Lucidos

Bahía de Cartagena de Indias, Colombia.
Fuente: Imagen de Dionisio Osorio: dosorioc.

Nacer no es el destino, pero es donde la luz se enciende.

Amor es tiempo lúcido y vibrante, lleno de esperanza.

Esperanza es la luz de cada mañana.

El tiempo es el parpadeo fantasma de luz y sombra.

La libertad es la que sostiene la luz.

La conciencia es la luz que se refleja en el espejo.

Existir es nuestro ahora iluminado.


22.2.25

Hacia la Luz



«Errantes en las sombras, temerosos y presumidos, pero no
nos detenemos. Divagamos en la incertidumbre: dibujando esquemas e imaginando destinos. Al divisar los destellos tras la penumbra, sin alcanzar la luz, construimos certeza y creemos estar en paz»

9.2.25

La marca del amor


"Mi desearte es tan intenso que mi ánimo se agrieta. Una esperanza ansiosa me arroja al laberinto de tu desamor, donde no encuentro el umbral de tu afecto. Confundido me disuelvo en risas o llanto, hasta que el dolor de tu vacío me agota. Sin ti me siento asfixiado en la borrina.   

Sin embargo, en cuanto te veo, me ilusiono. Siento que mi amor es más que esa amargura que no me suelta. Te habito en mi pensar, y pese a la distancia, no dudo que mi amor te impregna con la misma fuerza que el tuyo me marcó."

Escrito mientras escuchaba: “Wait a minute” de Willow Smith.

30.12.23

Aeternĭtas

"La búsqueda de la eternidad es una estulta osadía; un anhelo burdo con el que pretendemos esconder nuestra finitud. Al perseguir lo perpetuo abandonamos el ahora: horizonte donde se consume nuestra existencia."

30.7.23

El alma, la quimera y la oscuridad


La calle sola, adumbrada y furiosa lo empujaba; él, con un jadeo constante, se arrastraba sobre un concreto que, aun de noche, quemaba sus pies. Trastabillando dejaba un rastro de huellas descalzas, rojas y chiclosas que parecían seguirlo. Como orate callejero —sonado, necio y atormentado—, rumiaba el silencio mientras intentaba cavilar cómo deshacer lo acontecido. Pero en el fondo sabía que de las sombras ni de las consecuencias podría escapar. No lograba pensarse. Afanoso buscaba una luz que disipase sus oscuros recuerdos y eludir el peso de la culpa que, escondida en la negrura, le sonreía de frente. Ignoraba que la única luz que encontraría sería la que arroja la quimera. Esa que alumbra, pero quema.

Abrumado por la pernicie del instante, sentía cómo el miedo, el morbo y el dolor se apoderaban de su corazón. No podía escapar de las emociones que espumaron momentos antes, cuando desnudos en la cama, ella le confesó su desamor. Escuchó en silencio cómo ella no podía evitar que la mirada de otro la excitase. Que, con solo recorrer el cuerpo de otro, su sangre latiera en sitios donde con él nunca sintió alivio ni placer.

Devastado por el amargor de la ira, y al compás de las punzadas de un peine dorado en su costado, apretó con sus manos el cuello de ella hasta sentir que la vida se le desvanecía; hasta que dejó de sentir su alma; hasta que se sintió solo tratando de acallar el dolor de las heridas en sus costillas. Aturdido, solo atinó a escapar. Vio un callejón iluminado, y se adentró transido. Al sentirse impregnado de claridad, se detuvo y miró a su alrededor, pero no halló paz. Era una luz que no proyectaba sombras y lo quemaba.

Atribulado, miró hacia la entrada y vio cómo la penumbra se acercaba lentamente. Corrió hacia el resplandor, pero la oscuridad lo engulló. Cayó. No pudo más. De repente, el miedo lo embistió; la vio y sintió cómo su alma lo arrastró.