Una sociedad sin reglas cae en la posverdad y el populismo,
donde la diferencia ya no es una tensión productiva, sino un insulto. Sin un marco riguroso (una Constitución, un
método científico, un debate honesto), la diferencia no se integra; se
convierte en polarización estéril. La simetría se traduce como igualdad ante la
Ley. Sin simetría, la interacción es asimétrica y el sistema no evoluciona,
sino que se parasita. El grupo dominante abusa del dominado hasta que el
sistema colapsa por revolución o decadencia.
La integración sistémica de la diferencia no es una coexistencia pacífica, sino una reorganización estructural que precipita un salto cualitativo hacia una naturaleza de mayor complejidad. La riqueza de una sociedad es directamente proporcional a la cantidad de diferencias que es capaz de integrar sin desintegrarse. La tolerancia no tiene cabida aquí; es soportar la diferencia. La integración sistémica, en cambio, es necesitar la diferencia. Una sociedad que solo tolera al distinto está a un paso de odiarlo. Una sociedad que entiende que el distinto es el órgano que le falta para completar su evolución es una sociedad que ha alcanzado un salto cualitativo de naturaleza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario, es de inmenso valor, que tengas un excelente día. |
Thanks for your comment, it is of immense value, have a great day.