25.12.16

LLORAR Y REÍR

Seguro todos queremos acercarnos a nuestros hijos,  cuando los vemos tristes o con miedo y con ganas de llorar. Lo hacemos sintiendo emociones encontradas, entre felicidad y tristeza. No sé, de pronto es lo que llaman bipolaridad. 😂

Pero siempre intentamos que no lloren. Qué más da, las lágrimas secan solas y después solo queda la misma realidad por la que lloramos. Qué ejemplo daríamos?

Muchos padres no sabemos qué hacer y realmente no buscamos aprender, lo resolvemos en su momento, cuando se dé. En su mayoría, solo tenemos como referentes lo aprendido de nuestros padres y lo que logramos aprender por cualquier vía de información formal e informal, que ofrece nuestra sociedad.

Normalmente les insistimos en no llorar, en ser fuertes y enfrentar lo que los entristece y les da miedo. En no mostrar debilidad! Uy, un hijo débil,  NUNCA!

No es mi afán decir que se debe hacer, pero muchos en ocasiones los abrazamos y reconfortamos  mientras los alejamos de la terrible situación. En otras los regañamos y a veces humillamos. Pero de seguro todos le decimos cómo hacer para enfrentar una próxima situación concurrente y les reafirmamos que ellos son fuertes. No sabría decirles cual es la actitud acertada, para eso hay expertos y científicos que han estudiado el tema, por favor consúltelos,  no me escriban ahora preguntando qué deben hacer. Solo asegurémonos que el tratamiento y/o consejo que les demos no esté errado, o estaremos criando cuervos y/o víctimas. 

Lo que sí puedo decirles es que hay momentos en que debemos dejarlas salir y llorar con ellos. Por qué no? Tan malo es mostrar que sus padres también lloran y que es normal. Mostrarles que al llorar se disuelven en las lágrimas las tristezas y miedos para que el viento las seque y se las lleve lejos.

Sí, de seguro al terminar de llorar la realidad que quisimos olvidar por un instante, regresa, pero esos miedos y tristezas ya no están. Sabremos compartir, aprender y enseñarnos a cómo enfrentar juntos ó solos,  esa realidad. Con mayor vigor y entereza. Con bondad pero sin cobardía. Con serenidad y paciencia. Con la valentía y el coraje que nace,  de saber que lo que haremos es correcto, es bueno y  mi familia está conmigo.


A llorar entonces y después reír juntos, felices y valientes, al ver que esas terribles emociones, la tristeza y el miedo,  flotan lejos de nuestros pensamientos y corazones como hojas secas en el viento.

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