Todo cuesta o revisen a ver si encuentran algo
gratis y me avisan. Pero hay costos que con gusto se pagan. Por ejemplo, los
costos del amor, del placer o simplemente el de comprar.
Entre lo de más alto costos encontramos los de decir la verdad, defender la libertad y preservar la justicia. Costos que muy pocos están dispuestos a pagar. Cuando llegan, facilito se asumen posiciones dilatorias y evasivas para eludir el pago. Lo que no entendemos es que al final siempre se paga y más caro; y peor aún, generando altos costos a terceros inocentes. Por eso, estos costos hay que asumirlos y pagarlos en su totalidad, rápido y sin rechistar.
A mi amiga Ana María Cuesta.
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