Es natural que la existencia humana se tropiece con la
precariedad y el dolor; por tanto, el sujeto procura el alivio de sus cargas
mediante la búsqueda de la felicidad. No obstante, siendo un acto estrictamente
individual, tal búsqueda carece de una fórmula universal. Esta naturaleza
individualista sugiere que toda elección orientada al bienestar suele operar
bajo la premisa de que solo las necesidades propias tienen validez, una visión
que impacta, inevitablemente, en el tejido social.
Surge, entonces la duda de, si dicha búsqueda al someterla al tamiz ético y filosófico puede considerarse válida cuando se fundamenta en la privación ajena. ¿Es acaso equitativo un modelo de bienestar que ignora o invalida la pretensión de felicidad del 'Otro'? ¿Resulta legítima una satisfacción que se alcanza a expensas del sufrimiento ajeno o que se erige sobre la negación de la dicha del prójimo?
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