21.10.23

Idea, Plan y Estrategia

La narrativa empresarial suele mitificar la Idea innovadora como un motor unívoco del éxito empresarial, ignorando que miles de empresas con ideas innovadoras fracasaron. La innovación es solo la punta del iceberg, no constituye una condición suficiente, sino una variable dependiente de condiciones críticas de ejecución.

 Tradicionalmente, planificar se limita a una extrapolación lineal del pasado.  Pero, para trascender el mercado, la Planeación debe abandonar la abstracción y transformarse en una arquitectura de viabilidad, optimizando recursos y fijando objetivos operacionales concretos. Una arquitectura que traduce visión en restricciones, prioridades y métricas operativas.

La Estrategia es una respuesta al conflicto y la competencia. No debe visualizarse como un mero itinerario hacia el éxito, sino el mecanismo dialéctico que forja la identidad institucional frente al mercado.  No es sano confundir "estrategia" con "propósito" o "identidad". La estrategia es, en esencia, “la elección de qué no hacer”. Pero esa renuncia no es solo un acto de voluntad, sino un imperativo de economía de fuerzas. La Empresa focaliza el esfuerzo, concentrando toda la energía y recursos disponibles, para maximizar el impacto y alcanzar la diferenciación.

 

La rigidez estática es la patología de la planificación tradicional. Es creer que un plan estratégico, inclusive a un año, es una "verdad" inamovible.

Ante un entorno caracterizado por la entropía y la incertidumbre, la empresa debe renunciar a la rigidez estática.  En el mundo de los negocios, las preferencias de los consumidores y las ventajas competitivas no tienden al orden, sino a la degradación. Persistir y no someterse a la posibilidad de que el sistema social y económico que la rodea la absorba y la desintegre, exige inyectar energía constante (innovación, inversión, análisis crítico).

 

El entorno es "entrópico" porque es ruidoso, cambiante y tiende a erosionar cualquier estructura que intente mantenerse fija.

En este escenario de incertidumbre irreductible se debe vigilar, antes de predecir el mañana, si las reglas de juego de ayer no han cambiado.

La supervivencia empresarial hoy no depende únicamente de la idea innovadora original, o de la fuerza o tamaño, sino de velocidad, precisión y profundidad en el procesamiento de la realidad. La empresa debe funcionar como un sistema de autorregulación capaz de reconfigurar su operatividad en tiempo real. En este sentido, la organización debe utilizar la planificación no como un mapa sino como el radar indispensable para navegar la incertidumbre.


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