La Verdad: Explicación o Sentido
La fe y la razón no deben entenderse como rieles paralelos, sino como fuerzas en tensión dialéctica. Mientras la ciencia se consagra a la explicación —la descripción causal, verificable y empírica de los procesos—, la espiritualidad se aboca al sentido —la valoración existencial del ser—. Esta distinción es crucial para evitar reduccionismos: la ciencia no es un manual de instrucciones frío, ni la fe una mera fuga poética.
En este escenario, el individuo contemporáneo halla honestidad cuando permite que ambas dimensiones dialoguen, reconociendo que la Verdad no es una posesión estática, sino un horizonte que ambos métodos intentan, por vías distintas, vislumbrar.
Ibn ʻArabī: La Inagotabilidad de lo Real
Esta búsqueda de equilibrio encuentra un pilar en el siglo XII con Ibn ʻArabī. Su pensamiento nos insta a no constreñir lo Absoluto a un solo credo, no por una tolerancia superficial, sino por una necesidad metafísica: la Realidad es tan vasta que ninguna interpretación puede agotarla.
Como un prisma que refracta la luz en múltiples colores, cada perspectiva captura una frecuencia, pero ninguna es la "Luz entera". Trasladado al conocimiento, este principio sugiere una distinción vital:
En la Ciencia: Las verdades probadas no desaparecen; se refinan, complementan o recontextualizan. La física de Newton no fue "anulada" por Einstein, sino integrada en una estructura más amplia. La apertura aquí es una exigencia del método para articular nuevas certezas.
En lo Humano (Arte, Política, Filosofía): Las verdades son a menudo paradigmáticas; pueden ser reemplazadas o transformadas por el diálogo y el cambio histórico. Aquí, la apertura es una defensa contra el dogmatismo y la obsolescencia intelectual.
La "Creencia Concreta" en la Era del Algoritmo
Hoy, sin embargo, el dogma ha mutado de piel. La advertencia de Ibn ʻArabī sobre no quedar "atados a una creencia concreta" cobra una urgencia profética ante las cámaras de eco digitales. El dogma ya no emana solo de los púlpitos, sino de algoritmos diseñados para retroalimentar nuestros sesgos.
Vivimos en una recursividad sistémica: un bucle donde el código consume nuestros datos para devolvernos solo aquello que confirma nuestras certezas, estrechando el cerco de lo visible. Este fenómeno fragmenta la realidad y nos priva de la alteridad —el encuentro con lo que es radicalmente distinto a nosotros—. Si Ibn ʻArabī buscaba liberar lo divino de los límites de un credo, nosotros debemos hoy liberar nuestra percepción de los límites del código. Trascender, en el siglo XXI, es un acto subversivo: consiste en introducir "ruido" en el cálculo perfecto para recuperar la visión de la totalidad.
Hacia una Óptica Posdogmática e Integradora
La sabiduría de esta tradición no busca clausurar el pensamiento, sino abrir una indagación profunda en los misterios de la experiencia humana. Al despojar la inquietud espiritual de su armadura teológica y, simultáneamente, romper la armadura algorítmica que nos encapsula, facilitamos un espacio de encuentro donde el rigor del intelecto y la profundidad de la intuición convergen.
Esta síntesis
nos permite habitar un mundo donde es posible explicar los mecanismos de la
vida mediante la ciencia sin renunciar al propósito de vivirla. Al adoptar este
diálogo entre la verificación empírica y la valoración del significado,
transformamos la confrontación de credos y la segregación de datos en una
polifonía de entendimientos. El "otro" deja de ser una amenaza
ideológica o un simple dato en un perfil para convertirse en el espejo
necesario —el ruido necesario en el sistema— para comprender la inabarcable y
hermosa complejidad de lo real.

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